El niño al que el guarda deja tocar la campanilla
Birdie es un crío pequeño, y como todos los críos tiene un juego que se toma más en serio que nada. El suyo es hacer de ayudante en la estación: el guarda viejo, cuando el frío ya no lo deja, le presta la campanilla de salida y le deja cantar las paradas, y para Birdie eso es lo más importante del mundo. Se pasa el día juntando a la gente del andén y contándola una y otra vez, para que no se quede nadie suelto. Nada de eso sale en el retrato, claro; es a lo que juega. Pero explica su cara de estar siempre pendiente.







