La cuenta que nadie nota
Creé la cara de Birdie de frente porque es lo que se lleva bien en una camiseta y se lee de lejos. Pero lo que me hizo quererlo no se ve en el retrato: esa manía suya de contar. Va con el dedo, bajito, sin que se note —uno, dos, tres, este, aquella, el del gorro—, y si se le escapa alguien, vuelve a empezar. No se queda tranquilo por dentro hasta saber cuántos son y que están todos. No lo hace por orden de nadie ni por juego tonto: cuenta, una y otra vez, sencillamente para que no falte nadie.







