El frangipani de la planta baja
En el void deck del bloque de Nur — el espacio techado en planta baja de los HDB de Singapur, donde los vecinos se sientan y los niños juegan — hay un frangipani viejo. El tronco es nudoso, la corteza gris se agrieta en placas y las ramas bajas forman una horquilla a dos metros del suelo. Nur sube hasta ahí.
Desde la horquilla ve la calle, las luces de los bloques de enfrente, la acera por donde pasan los vecinos que vuelven del hawker centre. A esa altura, el void deck se ve distinto. Los bancos de hormigón, la mesa donde Uncle Razak repara bicicletas, el tramo de baldosa donde Aminah se sienta a las cinco de la tarde. Todo cabe en un vistazo. Es su mirador. Aminah ya no le dice que baje.
Nur vive en Toa Payoh, barrio maduro de Singapur, en un HDB de dos habitaciones, piso ocho, con su abuela Aminah. Toa Payoh es clase trabajadora, multicultural, con parques cercanos y senderos donde a veces, de noche, cruzan pangolinos salvajes. Aminah y Nur caminan cinco minutos al colegio cada mañana. Por la tarde, bajan al void deck. Es su extensión del piso.







