Cuando el barrio duerme
Lo que Nur ve a esas horas no lo ve nadie más en su entorno. Los gatos del void deck. El runrún del aire acondicionado de los pisos de abajo. Las hormigas que cruzan en columna por la base del frangipani viejo donde él trepa de día. De noche, el frangipani tiene otro aspecto: las flores blancas huelen más fuerte y la corteza se siente distinta al tacto. Nur lo sabe porque ha bajado a tocarlo más de una vez.
Aminah sabe que baja. No lo impide. El void deck es seguro, y Nur a esa hora está donde se supone que tiene que estar — despierto, atento, funcionando con un horario que no coincide con el del colegio ni con el de nadie. Forzar el sueño no funciona. No funciona nunca. Nur se enrolla en la cama, se tapa la cabeza con la sábana, se pone tenso. Mejor dejarlo moverse despacio por el piso sin encender luces, con esos pies descalzos que no hacen ruido sobre las baldosas.







