Seis horas de coche, una vez al mes
Cuando su madre dejó de abrir el restaurante, Liam condujo seis horas, llegó de noche, abrió las ventanas e hizo sopa. Se quedó cuatro meses. Aprendió que cuidar es un acto físico: no se dice «estoy preocupado», se dice «te he traído sopa». Desde entonces la visita una vez al mes, y usa el camino para pensar en lo que no sabe decirle en voz alta. Un póster no cuenta todo esto; lo enmarca. Lo que ves colgado es la cara serena de alguien que carga con lo suyo sin aspavientos.







