Lo que lleva encima
Otto siempre lleva comida encima. Frutos secos en los bolsillos del abrigo, un tupper con lo que preparó la noche anterior, conservas en una bolsa si va al sótano donde tiene el almacén de semillas. No sale de casa sin algo que comer. Si alguien le preguntara por qué, no sabría explicarlo. Pero es instinto: el zorro ártico almacena hasta el noventa por ciento de la comida que recolecta y la reparte en cientos de escondites por toda la tundra. Otto no usa la tundra. Usa la nevera (siempre llena), el armario de conservas (lleno también), los bolsillos (frutos secos), y cualquier bolsa que tenga a mano.
Hay una escena que lo resume. Un compañero de la planta de procesado tiró medio sándwich al cubo de basura. Otto no dijo nada. Al día siguiente apareció en la sala de descanso un tupper con dos raciones de sopa en la nevera, sin nombre, sin nota. No fue un mensaje. Fue una respuesta. Así cuida Otto: con actos prácticos y sin aviso. Comida en la nevera del otro. Arreglar algo roto sin decirlo. Estar cerca sin hablar.
La bolsa tote no es una mochila ni un bolso: es una bolsa. Va al hombro, se abre por arriba, se mete lo que toca. Para la compra del supermercado de Kvaløya — Otto compra siempre lo mismo: avena, mantequilla de cacahuete, café, pan de centeno, lo que esté en oferta de verduras —, para llevar botes de cristal al sótano, para cargar un libro o un cuaderno si sale a caminar.







