Octubre a catorce horas
En otoño, Liam trabaja catorce horas al día. Es la temporada de cosecha, de producción máxima, de festivales y taproom lleno. Cuatro lotes, dos cervezas estacionales, un pedido para la calle de al lado. El taller huele a lúpulo y sudor. Duerme seis horas. Come de pie. La hiperfagia del oso negro — ese período en que el cuerpo pide acumular antes de que llegue el frío — se traduce en hiperactividad productiva que no deja espacio para casi nada más. Cuando llega noviembre, los tanques están llenos, las botellas etiquetadas y Liam empieza a ralentizar sin que nadie se lo pida.







