El collar que le dieron sin una palabra
El collar de pinchos negro es lo más valioso que tiene. Se lo dejó su maestro sobre la mesa el día que terminó su primer tatuaje completo, con una nota doblada: «No te lo quites.» No hubo discurso ni brindis. No se lo ha quitado en años. Así funciona con él: con actos, nunca con frases; no se llaman amigos, y no hace falta. Es la zona del cuello, protegida con una señal en vez de una pelea. Una mochila hereda ese modo: llevas encima lo que importa y sigues, con los brazos libres.







