Parecer más joven
Esta camiseta juvenil de Ikal retrata a un chico de veintitrés años que a simple vista no los aparenta. Le echan dieciocho. A veces diecinueve si lleva puesta la chaqueta que le queda grande. La razón no es estética ni suerte: los axolotes conservan toda la vida rasgos de cuando eran crías — la piel lisa, la estructura ligera, esa forma de cara sin terminar — y Ikal los conserva también. Los biólogos tienen un nombre técnico para eso. En la vida práctica, lo que pasa es que le piden la credencial en sitios donde ya no deberían pedírsela.
A los adolescentes les suena esta situación sin necesidad de traducirla. Hay edades en las que el cuerpo no acompaña al cerebro, ni al revés, y uno pasa una temporada larga siendo tratado según una casilla que no coincide con quién es por dentro. Ikal ha aprendido a no discutir con eso. Enseña la credencial cuando se la piden, paga lo que tiene que pagar, y se va. La batalla no es esa. Bueno, no es esa — es otra más aburrida, pero más importante.







