Lo perdido
A los treinta y seis años, una subida de tensión durante una tormenta corrompió el disco duro de Ayana. Dentro había ciento cincuenta horas de grabaciones del proyecto de archivo oral de Kouré. Doce años de trabajo. Testimonios de ancianos, matronas, pastores, guías. Voces reales de personas reales que habían contado cómo las últimas jirafas de África occidental casi desaparecieron y cómo la comunidad participó en su recuperación.
Ayana no gritó. Se quedó sentada, inmóvil, diez minutos. Llamó a un técnico. Tardaron cuatro días en confirmar lo que ya sabía a medias: se podía recuperar el ochenta por ciento. El veinte restante —treinta horas de los primeros años del proyecto— se perdió.
Treinta horas. Voces de personas que ya no están. Sesiones de los primeros viajes a Kouré, cuando todavía no tenía método ni equipo profesional. Grabaciones hechas con lo que había, en condiciones que ya no se pueden replicar porque los informantes han muerto o han perdido la memoria. No hay copia. No hay transcripción. No hay nada.







