Calor como necesidad
Por debajo de doce grados, Bruno se ralentiza. Los dedos pierden precisión, la concentración se diluye, los potenciómetros de la mesa de mezclas se vuelven difíciles de girar. En enero, con el mistral entrando por las calles del Vieux-Port, llega a las pruebas de sonido con las manos metidas en los bolsillos y cinco minutos de espera antes de tocar nada. Alguien le ofrece guantes. Los rechaza: no siente las frecuencias con guantes. No es terquedad — bueno, un poco sí. Es que los guantes le quitan la mitad de la información.
La calefacción de su estudio de veintiocho metros cuadrados en Cours Julien está siempre a veinticuatro grados. Es un antiguo taller de costura con techos de tres metros y medio, paredes verde claro y un colchón en el rincón más oscuro. En invierno, Bruno duerme más, sale menos, cancela planes. Cocina más — tajín, ratatouille, cosas que llevan más de una hora de fuego lento.
Una sudadera con impresión integral cubre el cuerpo entero con una sola imagen. En el caso de Bruno, eso significa que su retrato ocupa desde el cuello hasta la cintura, pasando por las mangas. Tejido, confección y cuidados están en la pestaña **Tejido, ajuste y confección**.







