La primera compra
César compró la chaqueta de cuero a los veintidós años, en Malaca, con dinero del taller de Rahman. La primera cosa que se compró con ingresos propios — los primeros que no venían de su madre ni de la paga de aprendiz que apenas cubría comida y transporte.
Había terminado los cuatro años de formación con Encik Rahman. Cuatro años durmiendo en un cuarto encima del taller, aprendiendo filigrana y granulado, cobrando poco y aprendiendo todo. Cuando Rahman le dijo que ya no tenía nada que enseñarle, César cogió el autobús a PJ con una bolsa de viaje, el juego de buriles de acero vanadio que le regaló el maestro y la idea vaga de abrir un taller propio. Antes de salir de Malaca paró en una tienda de segunda mano. La chaqueta estaba en un perchero, entre otras diez. Cuero caramelo, tipo aviador, sin forro. La probó, le quedaba bien, costaba lo que ganaba en dos semanas. La compró.
Desde entonces no se ha comprado otra prenda de abrigo. La chaqueta ha aguantado quince años de monzón, de paseos nocturnos por SS2, de taller. La lleva abierta siempre — salvo cuando llueve, que se la cierra hasta arriba y camina más rápido. La austeridad de César con las cosas personales no es filosófica. Es práctica. Vive en un piso con un colchón en el suelo, una silla de ratán y tres tazas de las que solo usa una. Lo que gasta, lo gasta en oro y plata para el taller. El resto le sobra.







