Dieciocho crías
Esta camiseta infantil de Ikal lleva estampado el retrato de un axolote que trabaja de chinampero en Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México. Para quien nunca ha oído la palabra, un axolote es un anfibio pequeño, rosado, con una corona de ramitas rojas a los lados de la cabeza que le sirven para respirar debajo del agua. Vive en los canales, come lombrices y se pasa la vida pareciendo más joven de lo que es, incluso cuando ya es adulto.
En 2022, un equipo de biólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México soltó dieciocho axolotes criados en cautividad en unos canales restaurados cerca del embarcadero donde Ikal carga sus verduras. Dieciocho. No \"una veintena\", no \"un grupo\": dieciocho. La mayoría desapareció. Algunos se los comieron peces grandes que no deberían estar allí. Otros se fueron nadando a zonas donde los humanos no han vuelto a encontrarlos. Pero uno sigue vivo. Es más oscuro que los otros, más pequeño, y Ikal lo ha visto dos veces este año con una linterna de mano, en una raíz de ahuejote donde parece que ha decidido quedarse. Los niños entienden esa historia bien: hay un bicho que se suponía que tenía que morir y no lo ha hecho.







